Él… pide poco. Pide poco y tiene todo lo que podría llegar a pedir. Es, en una palabra, feliz. Vive experiencias inolvidables. Se rodea de personas inolvidables. Tiene su atención… y le encanta. Aunque no se dé cuenta, le encanta cada vez más. Tal vez sí lo note. Y tal vez no. Pero no centra en eso su atención. Es el que menos se preocupa por él mismo. Hasta que sí se preocupa. Todos los días, un poquito más de preocupación llena sus venas. Se va tornando poco a poco más insoportable. Sufre de nervios, que crecen, y crecen, y ya no crecen. Y de pronto, la humillación. Se siente humillado porque lo golpean, y él deja que lo golpeen. El dolor, el dolor es tan grande como jamás lo había alcanzado a sentir. Tanto que en cierto momento… se siente liberado. Sólo por decisión propia, no iba a dejar que le doliera más. ¿Qué sentido tenía? Sin embargo lo siguen golpeando. Y él se sabotea. Y cada vez que lo sabotean, él se sabotea aún más. Pero ya está acostumbrado. Llega un punto en que sólo unos pocos golpes duelen. Es entonces cuando llega a hacerse, casi a diario, una pregunta clara, inteligente, simple, y sobre todo concluyente:
¿Qué necesidad?

+439.jpg)



1 ingenuos volcaron aquí sus pensamientos:
sufrir a veces es necesario, muy necesario. tal vez para disfrutar más de la alegría que llegará, para asumir errores, para diferencia lo bueno de lo malo, para llenarte de experiencia que un día recordarás.
es impotencia tal vez lo que se siente cuando uno no sabe porqué exactamente pasa lo que pasa, a pesar de todo, de las circunstancias que a simple vista parecen tan normales, de las risas, la amistad, los momentos que vuelan. porque siempre hay algo que todavía queda en algún lado, y no parece para nada necesario, pero justamente son las más necesarias aquellas cosas que apenas notamos y aparecen cuando menos queremos.
muy triste, muy crudo, muy real.
Publicar un comentario en la entrada